
Por: Karin Krug
No tenemos ninguna foto de Jesús. Ni de bebé, ni con María y José y sus hermanos, ni una grupal con sus discípulos. Me parece genial, porque me puedo imaginar lo que haríamos con esas fotos: se haría todo tipo de publicidad; se venderían en todos tamaños, colores, para diferentes ocasiones y lugares de la casa o iglesias; se retocarían, con el photo-shop es fácil “arreglarlas” de modo que de un original tendríamos fotos de todas las edades y las situaciones de su vida y de su muerte.
Pero aparte del comercio religioso, pasaría algo más serio aún: como las fotos transmiten un momento de la vida, pero no la vida misma, Jesús en su foto estaría atrapado en un instante preciso, archivado, pasado…, ya fue, ya está.
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