... Pero sí, hay fotos de Jesús, miles y millones. Como no las tenemos impresas en papel, tampoco podemos archivarlas como un recuerdo pasado. ¡Tenemos fotos vivientes! Porque las tenemos impresas en los rostros de todas las personas del mundo, de nuestra ciudad, nuestro barrio, nuestra iglesia. Cada cara es una foto de Jesús.
Él hoy sigue pobre como en Belén en todas las personas que no tienen
un techo. Huyendo a Egipto y viviendo como extranjero, en todas y
todos aquellos que son desplazados y víctimas de la xenofobia. Oculto
en Nazaret como lo son miles de personas a quienes no se les tiene en
cuenta a la hora de tomar decisiones sobre sus vidas. Él está allí,
llorando la pérdida de un amigo como cuando murió Lázaro, en las
familias y comunidades donde la violencia puso fin a la vida de un ser
amado. Él sigue pidiendo un poco de agua como en el pozo de
Samaria, en los barrios con las napas contaminadas o donde el acceso
al agua es privilegio de gente pudiente. Él en este momento está
representado en algún ser humano profundamente conmovido, pidiendo al Padre que el cáliz del sufrimiento
pase de largo como lo hizo Él en el Huerto de los Olivos, como los que esperan horas interminables y llenas de
angustia en los pasillos de los Hospitales. Perseguido y torturado, sufriendo injusticias como en el Calvario en
todos aquellos que sufren tratos injustos y discriminatorios.
Pero también lo vemos, gozando con sus amigos en una boda y regalando el vino para que la alegría de la fiesta no se termine, en las comunidades que comparten penas y alegrías y que -a pesar de todo- ríen, cantan y sueñan. Sigue compasivo, como en Naín cuando le devolvió la vida al hijo único de una viuda, en las personas solidarias que hacen suyo el dolor ajeno.
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